Imagen-fantasma

Y aún así, las imágenes nos golpean. O quieren hacerlo, esperan que nuestra implicación sea tan intensa, tan atenta, tan empática, que penetremos en ella y nos inmiscuyamos dentro. Aunque mi abuela diga, y re-diga cada vez que ve la erupción del volcán: “Uy Dios, que impresión”, luego de la impresión, ¿qué? Luego de “saber” ¿qué? Por mucha “novedad”, “inmediatez”, “hechos” o “verdades” que contengan los eventos, no son estos los motivos principales que nos afectan (aunque, por todos los medios, se priorice que así sea) sino la estructura en la que se presentan.

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