No utilizamos el mundo para algo concreto de nosotrxs, al contrario, utilizamos partes del mundo que necesitamos para nosotrxs.
El uso del mundo no es directo sino derivado.
Lo troceamos….
y usamos sus trozos.
Los usamos como medios, buenos o malos, humanos o inhumanos, sociales o antisociales.[0] No importa. De los trozos hacemos algo, y componiéndolos, trazamos nuestro mundo.

Pensemos en uno de ellos con que trazamos nuestro mundo. Pensemos en las imágenes. Por ellas y en ellas se categoriza, se da sentido, e incluso, se describe nuestro mundo.[1] Podría pensarse que lo hacen de manera «excepcional», como fragmentos, como frames, como piezas, como cuadros, señalizaciones, fotografías… en definitiva, como imágenes puntuales. Aisladas. Concretas, como se dice “en su género y especie”, pero, ¿cómo puede ser excepcional si el torrente continuo de imágenes no cesa de brotar y regar los prados de todo el mundo?, pero, ¿se riegan trozos concretos de césped o se limita a prados vallados y cuidados? No, esto es equívoco, no tiene razón pensar un trozo de césped o en parcelas autónomas pues las imágenes, o para ser mas “poético”, la Imagen-mundo —haciendo referencia a que, de la pluralidad de imágenes, surge otra cosa, se aglomeran en algo trascendente[2]— es tanto cerca como prado. La Imagen-mundo, la cerca-prado es lo que cerca los márgenes del mundo y humedece el prado de donde brotan los sentidos. Es una malla que continuamente valla y re-valla tanto los significados, como las experiencias técnicas y estéticas de nuestro entorno.

Pero lo que más me interesa de esto es su reverso, es decir, no lo que formula el sentido, sino lo que lo modula. No me interesa la génesis sino ciertas codificaciones. Me interesa la fuerza medial que con tanto ímpetu ha mediado para enquistar nuestro cuerpo, o bloquear pensamientos, incluso, provocarnos una “esclerosis del vocabulario”.[3] Y tanto si pasa una de estas cosas, varias o todas a la vez, no importa, ninguna es preferible. Pero no porque sea preferible es una elección, de hecho, nos sucede que «no tenemos elección»: ya estamos dentro.

Para entender a lo que me refiero: ¿qué tiene en común el volcán de la Palma, la lesión de Mascherano o la cumbre del clima de Glasgow para nosotrxs? Que ninguna nos implica en el acontecimiento, o más bien que estos eventos se han desplazado de sus lugares, espacios y tiempos para ingresar al nuestro. Ha sido desplazado del exterior al interior de nuestras casas, a nuestras televisiones. Han ingresado al marco de la televisión como imágenes de consumo. Los acontecimientos sobre el mundo entran al nuestro sin ningún esfuerzo. De hecho, el traspaso casi ni se nota, el traslado es rápido, eficaz, “en vivo”.

Ingresamos al instante. Solo basta sentarnos. 

Y aún así, las imágenes nos golpean. O quieren hacerlo, esperan que nuestra implicación sea tan intensa, tan atenta, tan empática, que penetremos en ella y nos inmiscuyamos dentro. Aunque mi abuela diga, y re-diga cada vez que ve la erupción del volcán: “Uy Dios, que impresión”, luego de la impresión, ¿qué? Luego de “saber” ¿qué? Por mucha “novedad”, “inmediatez”, “hechos” o “verdades” que contengan los eventos, no son estos los motivos principales que nos afectan (aunque, por todos los medios, se priorice que así sea) sino la estructura en la que se presentan.[4] Se presentan montados en un aparato de edición complejo que no piensa a la imagen como algo suelto, libre, como si fuese autónoma, sino en las cadenas de información, que, literalmente, se tejen en el continuo de la imagen-noticia. A ese continuo, tienen la indecencia (muy coherente, por cierto) de nombrarle “noticiero”[5].

Coherente, efectivamente, porque las imágenes cambian, ya no son “verdades”, estructuralmente son noticia.

He aquí el primer contacto con la realidad. Los acontecimientos-hechos-noticias se depuran. Se tratan. Se suministran. Y Günther Anders es muy preciso con este término: las imágenes que se distribuyen no se diferencian en nada con el gas o la electricidad, ¿en qué sentido? En que los tres son tratados y llevados a casa para ser consumidos. Sólo “esperan sino a brotar del aparato como agua del grifo”[6]. La noticia está en el mismo plano del agua. Hacemos de ella un uso individual, cuando nos duchamos, nos lavamos las manos o fregamos los platos. Sentadxs, nos fregamos el cuerpo con el jabón de la noticia. El producto está empaquetado para llegar al hogar y listo para usarse. El producto se sirve en casa e inmediatamente, se gasta en casa. El agua “aparece” mágicamente con sólo abrir el grifo, y la noticia aparece “servida” inmediatamente. Que hoy en día ni siquiera nos preguntamos sobre la inmediatez de la noticia, sino que somos “incapaces” de dudar de su carácter inmediato nos debería asombrar. O al menos inquietar. Urge preguntarse sobre las consecuencias de la inmediatez. ¿Cómo es posible que el sinónimo de una información eficiente sea una información inmediata?, ¿la información si es eficiente es inmediata, y viceversa, cuanto más inmediato sea dada la notica, más eficiente es? Con cada nuevo trozo de imagen-noticia del mundo, con cada nuevo titular, con cada nuevo reportaje inmediato el espacio que nos separa del mundo se hace menor. Con nueva información sobre el mundo real, y su ingreso al devenir del mundo interior-hecho-imagen se va cerrando la distancia que nos separa, y de las causas que acarrean.

En lo que sigue cito las consecuencias que extrae Anders de esta sintomatología:

1. Cuando es el mundo el que viene a nosotros y no a la inversa, ya no estamos «en el mundo», sino que pasamos a ser exclusivamente sus consumidores. […]

2. Cuando viene a nosotros, pero sólo como imagen, está a la vez medio presente y medio ausente, es decir, es fantasmagórico.

3. Cuando lo convocamos en cualquier momento (ciertamente no podemos administrarlo, pero sí encenderlo y apagarlo), somos dueños de un poder similar al divino.

4. Cuando el mundo nos habla sin que nosotros podamos hablarle, estamos condenados al silencio, es decir, a la servidumbre.

5. Cuando es perceptible para nosotros, pero nada más, […] pero no podemos actuar sobre él, nos hemos transformado en curiosos y mirones.

6. Cuando un acontecimiento que tiene lugar en determinado lugar puede ser expedido y llamado a aparecer en cualquier otro lugar en forma de «emisión», entonces se transforma en una mercancía móvil casi omnipresente, y pierde su posición especial como «principio de individuación».

7. Cuando el acontecimiento es móvil y aparece en un numero virtualmente ilimitado de ejemplares, entonces pertenece como objeto, al tipo de los productos en serie; si se paga por el envío de este producto en serie, el acontecimiento es una mercancía.

8. Cuando sólo cobra importancia social en su forma de reproducción, es decir, como imagen, queda abolida la diferencia entre ser y parecer, entre realidad e imagen.

9. Cuando el acontecimiento adquiere más importancia social en su forma de reproducción que en su forma original, el original debe entonces orientarse por su reproducción, es decir, el acontecimiento debe convertirse en mera matriz de su reproducción.

10. Cuando la experiencia dominante del mundo se nutre de semejantes productos en serie, queda abolido el concepto de «mundo» (siempre que entendamos aún por mundo eso en lo que estamos), perdemos el mundo y la posición del ser humano producida por las emisiones pasa a ser «idealista».

ANDERS, Günther. El mundo como fantasma y como matriz. En: Günther Anders. Filosofía de la situación. 1ªed. Madrid: Catarata, 2007. p, 46.

Somos consumidores de un mundo suministrado al que le hacemos un uso titilante, por lo tanto, troceado, imparcial, fantasmal. Solo basta que veamos fantasmas del mundo para evocar la totalidad. ¿Qué dice de nosotrxs? Nos convertimos en algo así como «perfectos sintetizadores». Pero esta perversidad ni siquiera goza de «totalidad», porque ni siquiera respondemos ante esta síntesis, o, si nos atrvemos, replicamos desde nuestra pasividad como consumidores: nuestra hambre de trozos nos genera una gula ad eternum. Evitamos pagar la cena, pero, ¿realmente sabremos cuánto hemos de pagar? La dilatamos, la aplazamos con un sobremesa que nunca acaba. Rebasando la responsabilidad, franqueándola, esquivándola continuamente con el goce del azúcar. Incusive a esta perversa gula ni le cabe una réplica, sino una esquiva respuesta doblemente imparcial porque 1.) sólo bastan los trozos para evocar la totalidad, pero 2.) ni siquiera los trozos podrán componer la totalidad del consumo porque siempre quedan regazados por nuevas piezas. Y aquí una nueva inversión: con sólo sintonizar el noticiero no somos nosotrxs los que «pedimos» los alimentos, sino que las noticias se «ofrecen» para ser egullidas. El fantasma siempre tiene algo por ofrecer: ¿un café, o una tarta de zanhaoria, un cheesecake?… o señorxs, ¿qué tal un chupito limoncello? (invita la casa)… el pago se pospone una vez más. Con sólo dejar rodar la sintonización, el borbotón de alimentos seguirá surtiendo. ¿Se ve cómo en la espera por nuevos platos ni siquiera podemos decir que somos agentes activos de la digestión del mundo? Somos sus co-partícipes entumecidos. Todo alimento trae consigo una pastilla oculta que le protege de ser digerido. La pastilla descompone el alimento en puro «placer», deshecha todo nutriente y nos deja con azucar fantasmasmal. Ningun órgano los digiere. Están entumecidos. Sólo se requiere que esté abierta la boca, y que espere un nuevo alimento para engullir. El fantasma nos dice: «abre la boca nene… aquí viene el avioncito.» Es el placer por seguir engullendo. Es el alimento que «jamás» llena.

Y ¿Qué pasa con los fantasmas? ¿Qué les depara?, que, de entrada, su carácter modular, parcial, es usado por los servicios de emisión como platos proféticos, como alimentos que serán servidos continuamente hasta que termina el día… y al siguiente ocurrirá el mismo proceso con nuevos fantasmas, con nuevas piezas. Vemos que cada imagen del mundo se convierte en una información sobre el mundo, en lo que hace notar, en lo que destaca, en definitiva, en noticia. En su precepto de noticia es un trozo de información que puede evocarse cuando se quiera. Inclusive, ahora la información-imagen es un imperativo: debe evocarse, porque es oportuno hacerlo, y no sólo es “oportuno” sino que, debe ser necesario, y porque es necesario, es ley. Este trozo-noticia evocable entra a una cadena de los otros trozos que también han sido descompuestos. Y gracias al proceso de edición cada trozo-individual-descompuesto entra en contracto con otro de su misma especie para componer trozos-sintetizados. Ahora, se puede hablar de noticiero: cuando la combinación entre los trozos genera un compuesto “con sentido”[8]. El noticiero es la fuerza de crear trozos de mundo y darles sentido en una fantasmagórica-totalidad. Es la potencia que fuerza las informaciones a reducirse, a atenuarse, a neutralizarse mediante su constante reacción endotérmica.

***

Hasta aquí “todo mal” ¿no? Pues se empeorará un tanto más. Ahora vamos a un segundo grado sobre las imágenes-noticia. Los trueques de fantasmas. ¿A me refiero? Cuando las imágenes ya vinieron hacia nosotrxs, medio presentes y medio reales.[9] Es decir, cuando dejaron de ser un acontecimiento y ya se hicieron noticia que se convoca en cualquier momento y en cualquier instancia, por quien sea. Aquí empiezan los trueques. ¿De qué?, trueque de noticias por otras cosas, independientes, fuera del encuadre y aún más lejos del lugar y contexto donde ocurrieron. Trueque de noticias por cosas. Trueque de noticias por opiniones. Y no opiniones cualesquiera. No opiniones fugaces. Sino opiniones que roban el primer plano.

Opiniones que borran su entorno. Noticias que se intercambian por opiniones que estafan su valor, y la hacen aún más aberrante. 

Veamos el abuso de las opiniones de la mano de uno de sus mejores performadores: lxs tertulianxs. Vamos a ver un salto que es muy particular y tremendamente espantoso. Con ellxs la noticia ya no lo es, o para ser mas preciso, la(s) noticia(s) se desplazan aún más de los hechos, ahora se convierten en un espacio al que fundamentalmente se le han de cavar opiniones. Con ellxs digo que (y sin ningún peligro de equivocación) la opinión se convierte en sinónimo de noticia. Y aquí el fantasma se vuelve aún más equívoco. No solo el acontecimiento terminó opacado en las noticias, sino que ahora en la noche de la tertulia cada personaje defiende su opinión de los hechos; defiende, con toda normalidad versiones sobre el suceso.

La noticia se rompe aún más. El fantasma aún es más difícil de ver. Los escépticos se multiplican y cada uno monta las versiones del fantasma que vio.

Cada tertulianx no cesa de extraer del fantasma las imágenes que les susciten. Y es porque son “incapaces” de llegar a un consenso —entre comillas porque fundamentalmente no deben salir de la opinión, si salen, se desmonta la versión sobre su fantasma y aún peor, se desmonta su personaje— lo que hace imposible llegar a una convergencia entre las opiniones, es decir, a que sus opiniones narren una verdad. ¿Por qué? Porque, fundamentalmente, encontrar la concordancia en y por la opinión es ir contra marea. Recordemos: la imagen dejó de ser noticia, ahora es opinión. Se intenta conectar con la noticia, e incluso con la imagen primigenia del acontecimiento usando sus propias ideas y sus propios argumentos, es decir, cada uno no puede dejar de evocar la opinión de su fantasma, no puede recular, ni dejar ir el espectro. Se intenta hacer el montaje de la realidad en sentido totalmente inverso.

Lxs tertulianx proceden así:

  1. Captan las imágenes ya digitalizadas, es decir, muy lejos de lo “análogo” de “la realidad” donde acontecieron, y empiezan a codificarlas en un montaje abstracto.
  2. Para montarla, no es necesario asir la noticia en su conjunto (que valga aclarar, lo que se entiende por ‘conjunto’ es tramposo, porque ¿el conjunto es lo que dura la noticia en el noticiero?, o, ¿el conjunto es lo que se dilata la noticia, lo que puede seguir narrando y afectando fuera del periodo o el espacio televisado?) en todo caso, no importa ‘el conjunto’. La pregunta no es ética sino pragmática para el personaje-tertuliano: ¿qué instante privilegiado deseo utilizar para llenarlo con mi opinión? El conjunto se construye de manera inversa: con la seri(alización) de las opiniones.
  3. El conjunto se ontologiza por el montaje construido en el laboratorio de las opiniones.
  4. Pero el instrumento primordial no es la opinión, sino la fuerza y el peso de lo que narra. Se va construyendo por desfiguración, y no sólo del acontecimiento-análogo, sino, de las mismas opiniones, que no dejan de aplacarse por una “más fuerte”, por una narrativamente, «más rica».
  5. Literalmente, la desfiguración del fantasma crea una nueva aberración. Si con la noticia el acontecimiento era “positivado” gracias al noticiero (tal y como en el proceso de revelado de fotografías), ahora, con la potencia de las opiniones se intenta volver al negativo, y re-positivar: editarla aún más para sacarle aún más verdad, más “luz”.
  6. Veamos el absurdo. Se intenta “volver a la luz” a través de un proceso de edición aberrante. La noticia se trocea focalizando un aspecto, borrando el resto. Se voltea. Se invierte. Se resaltan los colores. O se oscurece. O se aclara. O se satura. O se diluye… Infinitas opciones y permutaciones, sólo basta narrar, opinar.
  7. Todo este proceso debe aplicarse a todxs lxs tertulianxs que estén en plató. Y cada uno lo hace «en el género y especie» de sus opiniones.
  8. No importa que sigan el orden descrito. Con la opinión-noticia, se puede empezar por cualquiera.

Y sólo falta el cómplice: el espectador. A éste le llega todo este proceso en su hogar, ¿podrá ver todas les perversiones que han afectado la noticia? Para hacerlo, debería ir contracorriente, quemando fantasmas. Combatiendo contra quimeras. Por lo que debe: 1.) ser consciente del grado inmenso de aberración del fantasma que se produce a través de las noticias. 2.) traspasar las trasparencias (que aún son discernibles) de los trozos del fantasma del noticiero. 3.) y si logra todo esto ¿podrá llegar al acontecimiento “en sí” más atrás de la noticia? El espectador debe tirar hacia atrás y encontrar La Verdad. ¿Cómo va hacerlo con todo el enmarañamiento que se cierne sobre la imagen? Debe analogizar una imagen que, desde hace mucho, se digitalizó a través de unos ojos que no cesan de codificar “sus verdades”.

Del espectador se espera que sepa qué abono hizo crecer esta flor, mostrándole sus pétalos…
Una flor que, por cierto, no existe. Lo sé por que la pinté.
Imaginando.

Este ensayo se divide en dos partes. En esta exploré las connotaciones y usos de la imagen como Verdad (y su parcialidad). En el siguiente me centraré sobre los usos de la imagen como potencia de afección, como creadora de sensaciones en el cine de David Lynch. ¿Dos caras de una misma moneda?


[0] ANDERS, Günther. El mundo como fantasma y como matriz. En: Günther Anders. Filosofía de la situación. 1ªed. Madrid: Catarata, 2007. p, 46.

[1] ANDERS, Günther. La Obsolescencia del Hombre. Vol. II. Sobre la destrucción de la vida en la tercera revolución industrial. 1ª ed. Valencia: Pre-Textos, 2011. p. 251.

[2] El mundo es tan grande, ininteligible y opaco, que hace necesarios modelos e imágenes que prevalecen sobre él mismo* y necesita de una categoría que, paradójicamente “le de sentido” e incluso, que el mismo sentido, tenga sentido por sí mismo. “Trascendente” quiere decir independiente a la experiencia, no son cosas de las que tenemos necesariamente en la experiencia. Trascendente quiere decir más allá. Trascendental quiere decir con independencia de (lo que sea). ¿Se ve el peligro? La imagen-mundo es una especie de prótesis que, “hace un tipo de mundo” y en el proceso, opaca otros.

*Ibíd.

[3] BACHELARD, Daniel. Crisis de palabras. 1ª ed. Madrid: Acuarela & A. Machado, 2007. p. 59.

[4] De hecho, la estructura misma, la noticia, se equipara con la realidad, y el medio televisivo es el legitimador de dichas realidades. Desde la perspectiva del acontecimiento, la “realidad” es algo que inevitablemente va a ser una imagen, y por consiguiente, un acontecimiento que continúa su realidad como noticia. Continúa en la realidad de las noticias.

[5] Me refiero a ella con el nombre que hace no mucho tiempo en España se le hacía, y que sigue siendo habitual en América Latina. Y lo hago por un motivo. No puedo dejar de pensar el término Telediario como inocuo y a su vez equívoco: querido telediario, hoy estoy triste porque Mascherano estará de baja durante muchos meses…

Al menos en las lecturas “ocultas” de los diarios de nuestras parejas o amistades nos rodea el nerviosismo por ser descubiertxs e intentamos leerlo todo, quedarnos con los datos jugosos y luego contárselos a otrxs con la condición que “no se lo cuente a nadie”, sabiendo que será incumplida esta promesa.

En el Telediario las noticias se presentan desde chismes hasta desastres. El Telediario nos aguarda para contarnos nuevas confidencias. El símil podría parecer descabellado, pero no lo es tanto. Si los chismes o desastres nos afectan tanto (nos impacta con sus datos jugosos) nos quedamos, para nosotrxs, los datos que hemos sacado. La noticia nos hace cómplices, y nos requiere sabios del secreto que no pudo ser guardado.

Inclusive voy mas lejos: la noticia sabe que cualquiera va a leerla, sabe que nosotros deseamos leer cualquier dato y como buenos voyeaurs, nos quedamos viendo lo que nos impacta, y expresa, pero sin ninguna espera que confesemos y participemos en su exposición.

[6] ANDERS, Günther. El mundo como fantasma y como matriz. En: Günther Anders. Filosofía de la situación. 1ª ed. Madrid: Catarata, 2007. Ibíd. p. 48.

[7] Ibíd. pp. 49-50.

[8] Con sentido entre comillas porque los telediarios son una narración entre imágenes-información. No es una descripción. Una descripción es algo que tiene independencia al objeto que describe. Mientras que una narración aúna la descripción de su objeto, es decir, lo hace análogo. El acontecimiento X (por ejemplo: que Boris Johnson haya acudido a una cena con amigos en plena cumbre del clima) se enmarca como noticia y como tal, pierde cristalinidad, se difumina en la narrativa de laS noticiaS.  

[9] Aquí deseo que se lea por medio, en el sentido de mediador (que facilita algo, o que propicia un intercambio, o que es un canal) y a su vez, que está a mitad de ser (a medio caballo, como todavía no)

Escrito por:alejandro robles

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