Es bien compartido tener que obtener buenos resultados para mostrarnos como personas capaces ante los demás, y si no los consigumos hemos fracasado. Así de radical pero así de real lo pintan. Nos han enseñado a tolerar menos el “fracaso” que cualquier otra cosa. En casa, en la escuela, en los medios… Y parece que nos olvidamos de que sin proceso no hay resultado. Razonando de esta manera, ¿podríamos querer y valorar un poquito mas el proceso?, al menos, por amor a un buen resultado. Incluso, con mucha suerte o sentido común, podríamos entender que lo que realmente importa o, más bien, existe, es el proceso. ¿A caso termina alguna vez? Esta es una de las preguntas que deja esta entrevista.

Algunas veces cuando dibujo estoy tan inmersa que hasta que no dejo el pilot no me doy realmente cuenta de lo que he dibujado. Este proceso de inmersión me parece alucinante, ¿de qué forma lo has sentido tú?

Sí, comprendo lo que me dices, creo que cuando estoy dibujando en cierto aspecto siento que el dibujo se hace ‘solo’. Es como un nacimiento constante de algo nuevo. El trazo de un lápiz por ejemplo, es algo nuevo que surge de esa relación entre el papel, la mina, la fuerza del movimiento de mi cuerpo con la que es arrastrada… Ese proceso es tan sorprendente que necesariamente me provoca ese estado de inmersión, en el que no existe nada más que ese momento.

¿Qué escenarios te invitan a dibujar y cuáles no?

Me resulta muy atractivo retratar a personas que me resultan atractivas, evidentemente (risas),  personas que considero importantes en mi vida. Esos ‘modelos’ me permiten explorar y recrearme más en el trazo y en el gesto mismo, más que en sacarle un parecido a su imagen. También me gusta mucho dibujar, por ejemplo, en las terrazas de los bares, cuando la gente no está posando, porque me resulta más vivo ese acto de dibujar un modelo que se puede mover o levantar en cualquier momento. Me obliga a percibir su esencia lo más rápido posible. Siento la necesidad de dibujar motivos más abstractos cuando quiero recogerme en mi misma y reconectar.

Para ti, ¿el dibujo es más el proceso que el resultado?

El proceso es lo único que existe.

¿Qué es lo que te atrae tanto del retrato?

Las caras me fascinan, me parecen increíbles. Supongo que las encuentro muy expresivas, cada una a su manera. Creo que para mí el dibujar a las personas es una forma de acercarme a ellas, de conocerlas. Retratar supone prestar mucha atención a las formas de esa cara, y cuando presto atención a algo y lo conozco, de manera natural me parece bello. Creo ninguna cara puede considerarse “fea”.

¿Qué aspectos en la educación en las artes, dejarías morir y que otros no? ¿Con qué enseñamientos, pautas, etcétera, quieres o te gustaría romper, ahora que ya terminaste Bellas Artes?

La enseñanza académica, en lo que al dibujo se refiere, hasta el día de hoy se imparte de una manera racional, analítica y no sensitiva. Es como si nuestro cuerpo primero tuviera que entender con la mente y ya después actuar como un títere, eso no es un cuerpo creativo.  Esa manera de intentar copiar la realidad basándonos solamente en lo visual nos ancla a la imagen. El encaje, la separación de tonos, el claroscuro… todo ello es un acercamiento superficial hacia lo que es. Creo que el arte no consiste en copiar la realidad o en producir imágenes prefabricadas por el pensamiento.

Para mí el modelo es una excusa para pintar, dibujar, lo que sea. Es algo en lo que apoyarnos para crear. Y la creación implica que sea algo nuevo, no pensado antes, porque el pensamiento bebe del pasado.  Sin embargo la educación academicista es completamente lo contrario, nos enseñan a copiar lo visual, a separar en cuadrículas y cajas una realidad que no puede ser copiada porque es siempre nueva y que tampoco puede ser troceada porque funciona siempre como unidad. Por lo que lo único que puede ser real y verdadero aquí no es copiar la realidad sino participar en ella, expresarla.

Por ejemplo cuando consideramos que un dibujo “no nos sale” significa que había un expectativa, una imagen mental de cómo debería ser. Esa expectativa es un pensamiento que bebe de nuestra memoria, de lo que consideramos que es correcto en base a lo ya conocido. Creando de esta manera nos generamos mucha frustración y obras mediocres, que se quedan encorsetadas por una mano paralizada por el miedo al error. Sin embargo, si considerásemos que no hay una expectativa que cumplir no podemos temerle a nada, ya que no hay más meta que el propio proceso en el que todo nuestro ser participa y crea de manera intuitiva.

¿Qué te deparas a ti misma?

Seguir explorándome y encontrándome en el ejercicio perceptivo del arte. El curso que viene comenzaré el Maste en Producción Artística en la UPV y me gustaría explorar todo lo que son técnicas de grabado y estampación que no he podido tocar mucho durante el grado.

@arinadmaiz

Escrito por:paula rodriguez

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