En el capítulo Precariedad y Paternalismo que aparece en el primer volumen de K-Punk de Mark Fisher aparece una idea potente: hay que precisar el paternalismo “no (solo) como algo prescriptivo sino, en términos de regalo y sorpresa.”1

Hay, sin lugar a dudas, un gran paternalismo utilizado por aquella modalidad mostruosa del neoliberalismo que nos vehicula como sujetos-gerencias “auto” regulados y domados para buscar un mejor futuro, con la “unica” condición de que se realice dentro de la realidad capitalista. Nos dice: “hijx, tu puedes hacer esto o aquello, pero por mi experiencia, te aconsejo que no hagas esto o aquello: porque si te haces (inserta aquí tu opción: artista, antropólogx, músicx…) no tendrás para comer”. Este paternalismo es, en extremo, autoritario como cada vieja o nueva de sus metamorfosis. Hasta aquí nada nuevo; todxs hemos sido aplacadxs por la experiencia de nuestros padres, sin importar que la coacción sea sutil, restrictiva, violenta, hipócrita, etc,. porque cuando juegan la carta de la experiencia, la nuestra siempre será menor, porque simplemente eres menor: no has vivido lo mismo que ellos, su tiempo siempre fue más difícil que el tuyo, por lo que debes escuchar el eterno “creeme hijx, sé de lo que hablo.” Por experiencia nunca estamos al mismo nivel de nuestros antecesores.

Pero diría que aún más que eso, y fundamentalmente antes de ser paternalista, la elección es utilitaria: nos hace creer (y lo intenta por cualquier medio posible) que la «”elección” […] nos deja atrapados en nosotros mismos.»2 Así, siempre sentimos que el fracaso está acechando. El nosotros termina siendo nuestra neurosis: 1.) ya me dijeron que pueda hacer lo que quiera, 2.) mierda, pero si la cago es mi culpa, 3.) vaya si la he cagado, ¿por qué coño nunca escucho los consejos? 4.) ¿ahora qué hago? El miedo al fracaso está intrínsecamente ligado con la “absoluta” responsabilidad personal.

Debemos echar pasos atras. Estamos dentro de lo que sería adecuado llamar capitalismo neoliberal, pero por el bien de este texto conviene atenernos a la denominación que le da Fisher, él lo bautizó realismo capitalista. Seré breve: “puede ser visto como una creencia o como una actitud. Es una creencia que el capitalismo sea el único sistema político viable, y una simple reafirmación de la vieja máxima thatcheriana: «No hay alternativa».”3 ¿A qué no hubo alternativa? Es fácil de decir, pero no por ello agradable de reconocer: no hay una alternativa de futuro que no pase por procesos de mercantilización, y no hay otra alternativa. Y lógicamente, la creación de un futuro no puede darse sin los sujetos que llegarán a él, por ello, el proceso de creación de futuro implica necesariamente la recreación de la individualidad. El slogan “Estamos juntos en esto” fue su extrema la extrema disociación, fue el holograma necesario para incluirnos a un ‘todxs’ en un modelo de mercado que necesitaba la creación del ‘nosotros’ para salvarlo. Se nos hizo creer que la individualidad era indispensable poder elegir futuros mediante la separación con los antiguos beneficios y protecciones sociales. Se nos hizo creer que la individualidad era nuestra, cuando realmente y con muchísima violencia, realmente pertenecía a los espacios de veridicción y validación (neo)liberales. Por ende, convendría referirnos a ella bajo el borrado4: individualidad y el nosotros son términos que en esta tesitura se refieren a un tipo de construcción subjetiva, a una sujeción normativa, gubernamental y discursiva de la sociedad como sujeto que “puede elegir” su vida y planes de futuro, con la única precondición que sean los que ha acotado el sistema capitalista. La individualidad y el nosotros están totalmente acorralados por las posibilidades validadas, reales y plausibles del capitalismo neoliberal.

Entonces vamos volviendo a nuestro interés ¿dónde caen estas categorías dentro de las ilusiones de posibilidad? Siento que hay una gran impotencia que barniza las opciones, es más, siento que no hay una posibilidad que concuerde enteramente con nosotrxs (al menos durante un periodo dilatado y extenso de tiempo que nos asegure tranquilidad y seguridad). En otras palabras, creo que la posibilidad –entendida como futuro– está y seguirá estando oculta detrás del ruido de nuestra excesiva mercantilización. Ahí el reto, tremendo y nada facil. Debemos tener siempre en mente que la individualidad y el nosotros se construyen cuando el compendio de sus producciones –sus fuerza de trabajo (congitivo o manual) y sus intercambios afectivos– ingresen en el centrifugado económico. Si se nos entiende por y gracias al flujo de presencias semióticas y materiales entonces ¿cuánto de real hay en la opción cuando cada vía de futuro está coaccionada en el horizonte? ¿cuál de las opciones de futuro escogeremos de las que están marcadas con el tick verde del paternalismo?

Nuestra elección nunca está presente porque siempre está dependiendo del nuevo “yo” diferente, cambiante y mudable por la precarización del sí. En esta tesitura, da la sensación de que es sólo en los bordes marginales de las ‘opciones’ (como idealización) neoliberales podemos habitar. ¿Es sólo como sujetos fragmentados donde podremos alcanzar nuestro futuro? pero a su vez, ¿cuánto del futuro podremos asir? Hemos de tener en mente que el futuro siempre se nos escapará porque no estamos hechos (por mucho que se nos intente hacer creer) a su escala, o, en términos religiosos: a su imagen y semejanza.

Para abrirnos paso en la carencia de futuros, en el rapto del nosotros y, en definitiva, en la precariedad que nos constituye debemos saber que el terreno de lucha comienza por readueñarnos y reapropiarnos de nuestra vida, para poder sentirla nuevamente nuestra. Debemos saber que el capitalismo realista seguirá usurpado las inmanencias de las vidas: lo que pueden, sus movimientos y búsquedas por incrementar sus potencias, desde su interior. Eso que llanamente podríamos llamar forma de vida ha sido suplantada por una figuración. La vida ahora se explica y se comprende trascendentalmente; en el intento de ser explicada desde el exterior. A lo lejos se le ha figurado un sentido: se nos ha distanciado entre nosotros mediante barreras oculares, que opacan la belleza de las relaciones y conexiones sociales con nuestros pares. El realismo capitalista distancia las vidas entre sí usando mamparas traslúcidas que le quitan la definición y coloración de los cuerpos y en esta figuración los bordes de nuestro cuerpo devienen una masa homogénea y cuando vemos en panorámico los demás cuerpos, vemos que estamos difuminados con el gris del “nosotros” económico.

Las mamparas seguirán. No nos podremos salir del régimen capitalista. Pero todo acto potencial sobre nuestra vida y las exigencias de un futuro plausible se deben dar siempre en el terreno de lo político. Lo humano se debe seguir dando en lo social. Y de hecho, únicamente se puede dar ahí, porque el cuerpo humano no puede existir de otra manera que no sea de modo relacional5: es lo que nos explica y lo que nos da sentido. No debemos dejar de sentirnos trazados por los afectos de las otras vidas para poder seguir habitando en “la nuestra”.


  1. FISHER, Mark. K-PunkVolumen 1. Escritos reunidos e inédtos (Libros, películas y televisión). 1ª ed. Buenos Aires: Caja Negra, 2019. p, 293.
  2. Íbid.
  3. FISHER, Mark. K-PunkVolumen 2. Escritos reunidos e inédtos (Música y política). 1ª ed. Buenos Aires: Caja Negra, 2020. p, 371. Las cursivas nuestras.
  4. El uso de tachar conceptos (bajo el borrado) es un recurso estilístico utilizado originariamente por Martin Heidegger y luego fue usado por Jacques Derrida. Con este recurso se tacha una palabra para indicar que es “inadecuada pero necesaria.”* Pero en vez de usarla a falta de no tener otra alternativa que exprese mejor el concepto pretendido, lo usaremos de un modo similar propuesto por Amaia Pérez Orozco en Subversión feminista de la economía feminista. Allí comenta: “vamos a usar una serie de conceptos tachados para referirnos a palabras que son de uso habitual pero cuyo significado consideramos en sí mismo como una trampa.”** En nuestro caso consideramos que algunos conceptos son tramposos material e ideológicamente cuando el significado y significante se aúnan en una generalidad, es decir, cuando su significado se basa en una generalización que se toma por legítima.
    * FISHER, Mark. Los fantasmas de mi vida. Escritos sobre depresión, hauntología y futuros perdidos. 1ª ed. Buenos Aires: Caja Negra, 2018, p. 147. Extraído de una aclaración del traductor Fernando Bruno en las notas al pie.
    ** PÉREZ OROZCO, Amaia. Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida. 3ª ed. Madrid: Traficantes de Sueños, 2017. p. 48.
  5. VINCIGUERRA, Lorenzo. La semiótica de Spinoza. 1ª ed. Buenos Aires: Cáctus, 2020, p. 164.

Ilustraciones por Paula Rodríguez

Escrito por:alejandro robles

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