En mi casa, cada domingo por la tarde veíamos películas antiguas del oeste, o debería decir, inspiradas en el oeste. Gran parte de los personajes eran hombres, en su mayoría bandidos o personas honradas, malos y buenos, pero todos cubiertos de sudor y arena y con ropas de tonalidades marrones. La única tonalidad que destacaba a lo largo de las películas eran los caballos. En estas películas el “enemigo” era el bandido, asociado a una persona o colectivo en concreto: indios nativos y mexicanos. Comúnmente reflejados como asesinos, criminales.

En consecuencia, son colectivos que se ven obligados a vivir en la vida real (si es que se le puede llamar vivir) dentro de los marcos de esa “etiqueta”, más bien, de esa cruz ardiente y punzante que tan injustamente se les ha clavado en sus hombros, la cual, se ha creado específicamente para ellxs a través de continuas lecturas racistas y colonialistas. Cala en la vida real porque cala en el sistema económico y jurídico. Esas “lecturas” son tratadas como únicas verdades. ¿Y qué consecuencias trae, a corto y largo plazo?, que se instaura en el consciente e inconsciente colectivo. Tanto de los que no pertenecen a aquellos colectivos, como a los que han sido criminalizados por cielo, tierra y mar desde hace siglos. Esas falsas verdades tratadas como absolutas, se convierten en doctrinas. Es echar leña a un fuego que ya es incendiario de por sí.

Si pensamos en el cine, no en general, sino en el comercial estadounidense y europeo, y vaciamos el racismo de las tramas de sus películas, quedarían pocos largometrajes en pie sosteniéndose por otro tipo de trama­ y argumentos que no impongan lecturas hegemónicas y coloniales del mundo y de las personas que lo habitan. 

Aquello que pretende ser una lectura de la realidad (todxs hemos visto un montón de películas sobre los estadounidenses ganando la Segunda Guerra Mundial, unos héroes…), es más que eso, es un sistema que arma a quienes habitan en él y desarma a los que expulsa. Y para que siga existiendo e imponiéndose sobre la vida, se crean y perpetúan todo tipo de armas para este fin, tanto físicas como intangibles (pero las consecuencias de éstas últimas se vuelven físicas.)

Volviendo al concepto de doctrina, la propaganda es para ella, lo que la tinta al dibujo. Sin ella no existiría ni se propagaría. Quizás nos es más fácil extraer lo que se intentó exponer anteriormente dado al paso del tiempo, ya que ahora lo podemos observar críticamente con cierta distancia. Quizás se cree que la doctrina y la propaganda es algo de los años cuarenta y cincuenta, de cuando la guerra, algo del siglo pasado. Pero no, no han desaparecido. Hay infinidad de formas por las que nos va calando, seguro que se te ocurren un montón pero, ¿alguien piensa en YouTube?

No solamente a través de los programas de televisión que se pueden ver en esta plataforma, sino con el contenido que se crea explícitamente para ella. Cuando se trata de vlogs, a diferencia de las películas que se nos presenta como algo ficcional interpretado por profesionales, sabemos que son simulacros de acontecimientos. Por mucho que los vlogs puedan estar guionizados, por muy falsa que sea la vida que esx creadorx de contenido muestra, a nosotrxs se nos presenta desde el primer momento como la realidad, como verdad. Dentro de esta puesta en escena, nos puede pasar muy desapercibida la existencia de propaganda (repito, más allá de la publicidad) porque, pese a que también hay muchas horas de trabajo editando los vídeos, como sucede en la fase de postproducción de las películas, leemos naturalidad. Según nuestra situación personal, tendemos a idealizar esas vidas y, en consecuencia, a los países en los que viven. Incluso, idealizar la vida que podríamos tener en esas capitales del norte global. Y así, se nos desliga de nuestra vida (dejándonos en un estado de knock-out) y de nuestra propia facultad para leer lo complicado que es desarrollar bienestar en cualquier lugar, en función de nuestros privilegios.

Aquí, nuestra relación con el producto (la vida en aquella ciudad, la ciudad en sí, la persona que se muestra… lo mismo sucede con Instagram) es diferente y se convierte en algo que nos cala mucho más adentro, nos convertimos exponencialmente en lo que el entretenimiento necesita para entretener. Éste empieza a rodearnos con sus tentáculos cuando capta nuestra atención mental y corporal. Y no se separa de nosotrxs fácilmente.

Esta idea se fue haciendo más visible al darme cuenta de algo que en primer momento me pasó totalmente desapercibido. A un youtuber estadounidense residente en Francia, le concedieron lo que se conoce como “talent visa”, cuyos requerimientos consisten, si mal no recuerdo, en que seas una persona extranjera que hable bien del país en forma de entretenimiento (como lo es YouTube). Lo que se conoce de toda la vida como saber vender bien algo. A grosso modo, la talent visa fue creada para “ayudar” a trabajadorxs extranjerxs, tanto empleadxs por alguien, como por ellxs mismxs, a seguir desarrollando los atractivos económicos de Francia (pero cuesta 268 euros recibir la tarjeta). Esta es una de las formas que se recompensa la propaganda, y no se trata precisamente de una tarjeta regalo. 

Esto me hace estar más alerta, a que este tipo de actividades, ver YouTube, pierdan su inocencia dado a que hemos crecido con estos medios. Casi podríamos decir que nos amistamos con ellos sin plantearnos realmente el tipo de relación que establecemos, y qué damos (o se nos quita) a cambio. No llegamos ni a plantearnos que tal relación pueda existir, y es normal. Esta relación nos convierte en doble objetos de consumo, se nos consume mientras consumimos. Aquí se aprecia una falta de resistencia brutal a este fenómeno por nuestra parte. 

Desenmascarar falsos aliados es una ardua tarea, mentalmente agotadora. Pero está programada para que así sea, esa es una de sus maniobras de supervivencia y de autodefensa. Pero, ¿cuáles son las nuestras?, ¿las conocemos? ¿Estamos tan agotadxs mental y físicamente que se nos hace cuesta arriba ponerlas en práctica?

Imagen de portada por Paula Rodríguez

Escrito por:paula rodriguez

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