Quienes conozcan Barcelona, conocen el Raval, y ya con solo oír el nombre de tu
proyecto se puede entrever que precisamente se inspira en ese barrio, ¿no?
¿Cómo llegaste hasta el Raval, qué te trajo allí?

Llegué a Barcelona por amor, y me quedé en el Raval por amor al barrio. Yo soy de Rumania, y me fui de mi país a los 21 años a estudiar arquitectura y trabajar en París. Hace 4 años y medio me enamoré de un chico que vivía aquí, y nos mudamos juntos a Barcelona.

¿Cuáles fueron aquellos aspectos que te hicieron iniciar Arrabal y, precisamente, llamarlo así?

Llevaba ya varios años trabajando en arquitectura y sentía cada vez más una ruptura entre mis principios y el trabajo que hacía, entre lo que aprendí en la escuela y la realidad. Es todo dinero, y las vidas de las personas se calculan al milímetro en un Excel – es preguntarse siempre como hacer para poner a más gente en espacios más pequeños y más precarios, y ahorrarse más dinero para vender más pisos a precios exorbitantes?

Pasé mis años de universidad trabajando en proyectos sociales, sobre todo en la arquitectura vernácula, y cuestionando la necesidad de arquitectos en este mundo. De India hasta Bolivia y pasando por el norte del África, hay tanta gente que toma su destino en sus manos, que construye sus propias casas, gente que crea comunidades, en el sentido físico y sociológico, y todo esto sin apoyo, o en contra de las autoridades. Los llaman slums, bidonvilles, barrios bajos, siempre alguna palabra que tiene una connotación negativa. Pero para mí es una prueba de que una sociedad diferente puede existir. Una sociedad basada en el apoyo recíproco, en la comunidad, y no en el consumo por amor al consumo. Y esto es lo que he encontrado en el Raval. Es increíble ver como gente de todos lados del mundo crean una comunidad – filipinos, marroquís, catalanes, rumanos, colombianos, católicos, musulmanes, hindús, negros, blancos, prostitutas, arquitectas, bartenders, ingenieros -, todos viviendo juntos y compartiendo un barrio, y sobre todo, luchando juntos contra cualquier injusticia o peligro que puede amenazar su tranquilidad. He leído y preguntado mucho sobre la historia de Raval. Aunque la gente lo conoce más bien como el “barrio chino”, antes se llamaba Arrabal, del árabe, que significa barrio periférico, extramuros. Es donde mandaban todos los enfermos de la ciudad en los tiempos de la Peste. Desde siempre fue un barrio donde vivía la gente “no deseada”, enfermos, prostitutas, un lugar lleno de burdeles y negocios dudosos. Y hasta hoy la gente le sigue percibiendo como un barrio periférico, aunque esté en el centro de la ciudad. Pero creo que solo estando “fuera de la sociedad”, es cuando no tienes que conformarte con sus estándares a veces arcaicos, y la creatividad nace. Y de esto se trata Arrabal, de este poder de estar a la vez periférico, pero conectado. No se trata de ser diferente, sino de aceptar que todos somos diferentes, y a veces estas imperfecciones que percibimos como malas, son las que nos hacen únicos.

¿Por qué pendientes?

Cuando tenía 15 años había un trend de hacer pendientes en arcilla polimérica, y claro yo lo probé también (hacia cosas tipo pendientes en forma de huevos fritos jajaj). El año pasado estaba con una amiga que me decía que se había comprado un par de pendientes en una feria de artesanía en Rumania y que no encontraba nada similar en Barcelona. Eran también de arcilla polimérica, entonces pensé hey, te los hago yo, ya que sé cómo hacerlos. Y así empece con Arrabal, aunque en ese momento no sabía que se iba a llamar así.

También reivindicas los aspectos positivos que tiene vivir allí, a veces dados de lado por la estigmatización, ¿no crees? (Y bueno, también a causa de otras crudas realidades que se dan en el barrio).

Creo que muchas grandes ciudades del mundo tienen su propio “Raval”, París por ejemplo tiene su Barbes, New York tiene su Bronx… Son lugares mal percibidos en general, sobre todo porque hay muchas comunidades extranjeras que viven allí, pero si miras detrás de la cortina de los perjuicios, descubres que es un barrio como cualquier otro, con gente, vecinos, comercios de proximidad, niños jugando en la calle, con lo bueno y lo malo; con todo.

Me han robado en el metro en París, he abierto la puerta de mi piso en el centro de Bucarest para encontrarme con dos chicas que se estaban inyectando drogas, me he encontrado con una mano en mi bolsillo en Eixample. Vamos, cosas malas pasan por todos lados, y hay que tener cuidado siempre. Pero con la historia que tiene Raval, es fácil transformar este barrio en la oveja negra de la familia barcelonesa.

Cada ciudad necesita un 5% de caos para funcionar, y no todo puede, ni debe ser planificado. (Una pura coincidencia hace que este 5% se encuentra concentrado aquí, en el Raval) Cuando vas a India, te encanta que la calle esta llena de gente y ruidosa y sucia, que haya comida en las calles y te poderte tomar un chai a la esquina donde pasan vacas y camiones y bicicletas en la misma vía. Cuando vas a Marruecos igual, te gusta comer en los mercados de las plazas, el aire libre y perderte por los souqs llenos de mercancía y gente gritando. Raval es como una colección de todos estos momentos, un repertorio de experiencias de países lejanos (y cercanos también). Por un momento eres en Barcelona, después entras en una frutería y estas en India, se oye la llamada a la oración de las mezquitas y estas en Turquía, te encuentras sin tu teléfono y estas en Rumania. Hey, ¡cada día es un nuevo viaje!

¿Cómo es el “behind the scenes” de Arrabal?

Yo intento ser muy transparente con lo que hago. Soy una chica de barrio que hace joyas para otras chicas de barrio. La verdad es que no me gusta mucho mostrarme la cara, prefiero que mis proyectos, aunque son muy personales, quedan separados de mí. He dejado por fin el trabajo de oficina este año (el mejor año para dejar tu trabajo, ¿cierto?) y ahora me dedico a hacer todas las locuras que me estaban rodeando la cabeza en los últimos años. Desde unos cuantos años hago también diseño gráfico freelance, pero aún así, tengo un montón de otras ideas que quiero poner en papel. Así que Arrabal es donde pongo toda mi creatividad, y cuento hacer mucho más que joyas en los próximos años. Por ahora estoy trabajando en mi piso, tengo un cuarto dedicado a Arrabal, que es el 5% de caos de mi casa.

Hay un largo proceso detrás de las joyas que hago. Primero, el Jesmonite es un material que se trabaja como el hormigón, es líquido, entonces no se puede modelar como la arcilla. Si tengo una idea, tengo que primero dibujarla, cortar las piezas en láser y después hacer un molde en silicona que tarda 24 horas en hacerse. Lo que me encanta del Jesmonite es que tienes tantas posibilidades de experimentar con la textura y el acabado – nunca hay dos joyas iguales, aunque la forma es la misma. El terrazzo es mi favorito en este momento, que lo hago con restos de pendientes que se han roto. Después de sacar las joyas del molde, hay que lijarlas para hacer aparecer el terrazzo, y nunca sabes lo que vas a encontrar. ¡Es como un Kinder Surprise!

¿Trabajas las formas como elementos arquitectónicos o escultóricos?

Llevaba ya un mes haciendo pendientes, acostumbrándome con el proceso y haciendo experimentos. Y después pensé en crear una colección inspirada en mi barrio, el Raval, y sobre todo, por su arquitectura. La Filmoteca es uno de mis edificios favoritos de Raval, ya que estaba trabajando con el arquitecto que lo ha construido y conozco todos sus detalles. Creo que hay muchos detalles en el barrio que la gente no nota, como las ondas esculturales de Macba, los rincones escondidos del barrio, como el jardín de Rubio i Lluch, con su hermosa fontana y naranjos, La Capela y la proporción de sus arcos, las ondas del pavimento de la Rambla.

Después de haber trabajado unos meses con arcilla polimérica, me di cuenta que al fin y al cabo no es un material que me gusta mucho, ya que al final es… plástico. Empecé a buscar un material más sostenible y que sea fácil de trabajar. He mirado para hacer unos cursos de cerámica, pero el proceso me pareció muy complejo y muy largo para mí, que soy una persona muy impulsiva y sin mucha paciencia. Otra opción fue hormigón, pero para joyas resulta demasiado pesado. Entonces encontré el Jesmonite, que es un material compuesto a base de resina y yeso, que se trabaja como el hormigón, pero no es tóxico y además no contamina. Lo mejor es que se puede reciclar, si hay piezas que se rompen (¡y hay unas cuantas!), estas piezas se pueden reciclar para hacer terrazzo, y así no se pierde nada en el proceso. ¡Lo peor es que casi nadie no conoce nada sobre este material! Y es una pena, porque es un material muy versátil, que se puede utilizar desde revestimiento de fachadas hasta objetos y pequeñas joyas.

Me da la sensación de que cada vez más se buscan otros elementos para exteriorizar nuestra forma de ser y, los accesorios quizás sean ese “nuevo” lenguaje con el que hacerlo, ¿tú qué opinas?, ¿crees que ha habido un cambio en la forma de comunicarnos a través de ellos? La moda de las uñas postizas podría ser un ejemplo claro.

A mí me gusta mirar la etimología de las palabras, y accesorio viene de ‘accesus’, la acción de acercarse. Acercarse algo. Yo, como persona, soy un total de cosas, sentimientos, pensamientos, y el accesorio viene como un añadido, para acentuar algo que yo ya tengo, y quiero mostrar. Este año más que nunca, hemos visto el impacto de los accesorios, con las mascarillas. Tantos tipos diferentes de mascarillas, porque la gente se quiere diferenciar. Creo que tenemos muy poco tiempo para hacer una impresión, para comunicar a otros quién somos. Es fácil juzgar una persona por su look en dos segundos, y lo hacemos todos de manera inconsciente. Creo que en el Este, más que aquí en Barcelona, es importante como te presentas. La gente te juzga por eso. Salir hacia la esquina a comprar un pan en pijama no es algo aceptable (y cuando será, ¡¿por dios?!).

Será el aire mediterráneo, pero siento que aquí la gente es mucho más relajada, comparando con las otras ciudades donde he vivido. La gente se permite mucho más experimentar y atreverse con su look.

Cada vez más (seguramente también sea por el algoritmo, que sabe que me encantan) me voy topando en Instagram con gente joven y autodidacta que hace pendientes de forma artesanal. ¿Ves esa comunidad o es más bien cada uno por su cuenta?

¡Creo que depende más de cada uno! He conocido gente muy abierta que me ha ayudado mucho, pero también gente que tiene miedo a que le vayas a robar los secretos. Además, siento que tengo mas en común con gente que trabaja con Jesmonite, que gente que está haciendo joyasen general, y esta sí es una comunidad.

¿Qué apoyos has encontrado trabajando en Arrabal?

Como decía antes, la comunidad Jesmonite ha sido muy acogedora. Es un material relativamente nuevo que no tiene mucha visibilidad, pero esto va cambiando. En marzo de este año ha abierto la tienda-taller Jesmonite en Gracia, donde he tenido también una expo en noviembre. Los chicos del Jesmonite store me han ayudado muchísimo a entender más sobre este material, y han aclarado todas mis dudas sobre el proceso. Me encanta que también intentan dar visibilidad a los artistas que trabajan con Jesmonite, y cada mes tienen otro artista invitado. Esto es algo que me ha motivado también a hacer la misma inicitativa con artistas de mi barrio. Tal vez es este año que nos hace reflejar más sobre nuestras vidas, y que nos ha “obligado” a mirar a los alrededores y a nuestra comunidad… pero me parece que he conocido gente muy guay y muy creativa este año. Por eso he comenzado una serie que se llama “The Power of Local”, donde quiero mostrar un poco más esta comunidad de artistas locales, y, porque no, ayudar a cambiar la opinión de gente sobre Raval.

Por último, ¿en qué piensas cuando oyes la palabra “comunidad”?

La comunidad es la familia que escoges.

@arrabal.studio

Escrito por:paula rodriguez

Un comentario en “Entrevista a Raluca, de ARRABAL

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