Esta conversación entre amigos y familia se lleva a cabo sentados en la comodidad de una casa, pero que intenta hablar desde nuestras inquietudes y malestares por algunos flujos e intereses económicos y sociales que se traducen en una incipiente exclusión y sobre los que se gobierna y precariza enormemente a algunos de su habitantes. Estos tratos o situaciones no solo suceden en Barcelona, sino que es algo sintomático de las ciudades (debido, entre otros muchos, al turismo, gentrificación, especulación, etcétera). ¿Cómo nos tratan “nuestras” ciudades? y sobretodo, ¿cómo trata a aquellos a los que quiere invisibilizar?

Paula: ¿Qué opináis de la Rambla de las Flores?

Miriam: Mucha gente, agobio, mucho turista.

Ale: Recuerdo que hace ocho años ya había flujo de turistas pero podías andar por las ramblas con un poco de espacio personal. Ahora es literalmente agobiante, el flujo de gente es excesivo.

Paula: A mi me gusta ir temprano por la mañana. Los turistas mayormente no madrugan y la rambla está desierta, se respira mucha tranquilidad entonces.

Ale: Es curioso que tengas que ir temprano para sentirla. Es como si quisieras reivindicar que la rambla tenga que estar desierta, que fuera una calle normal sin tanto flujo. Barcelona es muy turística, a raíz de tanta gentrificación es triste como la ciudad se ha ido expropiando del ciudadano.

Paula: ¿Creéis que es posible otra Barcelona?

Ale: ¿Cómo?

Paula: Volver a la Barcelona de la gente y no del turismo.

Ale: Creo que es muy difícil, por no decir imposible. Barcelona ahora es una Smart City, ha tenido un proceso importante de turistificación, propaganda turística y de adecuación de equipamientos urbanos para recibir un flujo turístico excesivo, siendo este sector su principal fuente de ingresos que, por cierto, es bastante preocupante porque es un capital que va hacia ciertos sectores y no para el grueso del tejido social de la ciudad.

Miriam: Barcelona está en la mierda.

Ale: Yo lo pienso como en un…

Miriam: Pozo sin fondo.

Ale: Como si se tratara del bolsillo mágico de Dorameon. Te cuestionas qué es esa bolsa y aunque no veamos su fondo, eso que no vemos está pasando y como consecuencia hay tensiones sociales. Por ejemplo, la asociación de vecinos del Raval en contra de las empresas buitres que compran los pisos, además de los narco pisos. Todas estas cosas que he mencionado tienen algún tipo de relación.

Paula: ¿Con Qué?

Ale: Un gran flujo de turistas implica una gran demanda hotelera, y si no, las crecientes plataformas austeras como Airbnb en las que un usuario pone en alquiler un apartamento y el turista lo alquila por X monto. Hay gente que se puede permitir un alquiler en el centro de Barcelona, que oscilará entre los ochocientos y mil y pico euros, mientras que la mayoría de ciudadanos tienen la necesidad de irse de Barcelona, o a otros barrios lejos del centro para poder vivir.

Paula: Una vida digna.

Ale: Tener un alquiler respetuoso y no desmesurado. Un turista puede pagar un alquiler de mil al mes.

Paula: ¿Entonces, como vives a tu manera la ciudad?

Ale: Acá ya es difícil de contestar. Estudio en Barcelona pero vivo en Sabadell, bajo todos los días en tren y si bien hace dos años pensaba la posibilidad de vivir en Barcelona, poco a poco la idea se ha dio desvaneciendo. Por practicidad, Sabadell no esta tan lejos de Barcelona, pero el primer motivo es la imposibilidad económica. Son ganas. Ahora no me apetece vivir en Barcelona. Estudio en pleno Raval y el flujo de gente es desmesurado, es una actividad humana excesiva, pero es chulo ver que la ciudad funciona casi como una máquina; los locales, la gente que trabaja en el Mercado de la Boqueria descargando camiones, los obreros arreglando las calles, etcétera. Pero vivir, para mí, significa vivir tranquilo y no me sentiría cómodo en Barcelona.

Miriam: Yo no suelo ir.

Paula: ¿Y eso?

Miriam: No me atrae por la aglomeración de gente, pero por otro lado me gusta la diversidad cultural que hay y las diferentes historias que se pueden encontrar; vivencias de distintos tipos de personas.

Paula: ¿Y qué es lo que te demuestra que es así?

Miriam: Por la gente sin techo, los Manteros, toxicómanos, por ejemplo. Están excluidos de la sociedad.

Ale: Sencillamente, por el hecho de estar marginados vemos eso, que son marginados, pero muy rara vez, cuando tenemos la oportunidad de acercarnos y hablar con alguien, vislumbramos la realidad que dejan ver. De un sin techo, a simple vista, ves su apariencia, su estado físico y poco más. Las asociaciones que trabajan con ellos, Arrels, Papers per Tothom, entre otras, tienen un contacto humano, (no me gusta esa palabra), sin estigmas.

Paula: ¿Por qué no te gusta?

Ale: Quizás tenemos la tendencia a objetivarla como algo bueno, “servicio humanitario”, “servicio social”. Pero ese nombre, también es herencia de la idea que el ser humano tiene que cumplir ciertos requisitos para ser un humano normal, cualquier cosa que sea extraña, lo reduce a una escala menor de humanidad. Piénsese en la estigma hacia los negros, gays, queers, las personas sin techo, inmigrantes, refugiados, prostitutas, etcétera.

Miriam: Los toxicómanos.

Ale: Los toxicómanos son menospreciados en muchos sentidos por el hecho de ser adictos a la substancia que sea, por tanto, entendemos que lo que consumen les hace ser menos personas. Otro ejemplo, los LGTBIQ que a raíz de afirmar su sexo y genero, cuestionan sexo y genero hegemónicos que tenemos, el cristiano por herencia religiosa. Este colectivo también ha sido marginado y estigmatizado precisamente porque no son tratados como personas, no solamente en los circuitos sociales, si no también, y muy importante, están reglados bajo un orden político y jurídico.

Paula: Pensemos en si la ciudad está adaptada a ellos.

Miriam: Pues pensemos también en los discapacitados. De entrada, hay muchos tipos de discapacidad, pero una de ellas y la primera que sufren es el estigma que hay sobre ellos y el pensar que no pueden valerse por sí mismos. Se podría adecuar la ciudad de manera que no hubieran tantas barreras arquitectónicas.

Ale: Sí, las ciudades están hechas a partir de un esquema, y con esto, volvemos a lo de antes, de un humano normal. Creo que fue Le Corbusier quien homogeneizó las medidas. Las ciudades están pensadas para un humano que mide 1,75m y a partir de esta relación los objetos se han pensado para éste, sillas de tren y bancos de la ciudad en las que una persona con un poco de obesidad le costará estar cómoda, espacios en bares o restaurantes en los que, muy seguido, una persona en una silla de ruedas le costará transitar, etcétera.

Miriam: Es que causa malestar.

Ale: Siempre escuchas el discurso de que la ciudad les pone impedimentos, también pensemos cuando la ciudad está en obras, que es bastante seguido, entonces hay más problemas, o cuando un ascensor de transporte publico está estropeado.

Miriam: A una persona con silla de ruedas se le ha borrado, literalmente, de casi toda capacidad para movilizarse.

Escrito por:paularodriguez

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