La motivación en forma de píxel

En las redes sociales, más en concreto Instagram, donde anidan las imágenes que más ganas tenemos por consumir, un alto porcentaje de ellas son explícitamente motivadoras; te motivan a tener un día genial pese a que te hayas dejado las llaves en casa, aún acordándote de ellas en el momento justo en que cerraste la puerta, o te motivan a quererte siempre 24/7 aunque no tengas ganas ni de mirarte en el espejo del baño mientras te lavas los dientes.

Hay personas que tienen el feed de Instagram lleno de esos monstruitos gráficos de combinaciones coloristas como mecanismo de superación de lo negativo, pensamientos de esa índole que hayan decidido instalarse en su mente, porque sólo hay lugar para un estilo de mueble en ella. A mí más que animarme o quitarme las telarañas me crean conflicto, no quiero camuflar una parte de mí, de sentirme y leerme. No tiene ningún sentido estirar y girar 360° sentimientos negativos que tienen el mismo derecho, o más bien, deben coexistir con nosotrxs en ciertos momentos, al igual que cualquiera de otra índole, como el que se te queda cuando las cosas te dejan bien, como un libro, el sol, o unos bonitos ojos, o te dejan a medias como un libro, el sol o unos habladores ojos.

Y es que hay mucha presión para estar bien, excede los círculos más cercanos a nosotros y se instala en la imagen de persona feliz que se esconde en diferente medida en multitud de medios, incluso en esa cantidad de imágenes de las que he hablado. Se ha utilizado demasiado para vender un producto y como consecuencia, se ha convertido en un producto en si y en una moda (como el feminismo) porque se comercia con ese sentimiento de felicidad y estabilidad, lo que provoca que esa herramienta visual para aceptar o sobrellevar aquello que remolonea con ansia por mi cabello se haya transformado en algo difuso y menos humano de lo que desconfío.

Pero sin ir muy lejos, ¿realmente les funcionan esos recursos visuales?, porque a veces nos trabamos con esas modas sin darnos cuenta, están conscientemente camufladas como estímulos ”positivos”  en los que confiamos y realmente estamos dejando entrar en nosotrxs una idea de marketing para ganar más dinero o más seguidores en redes sociales.

Más tarde nos preguntamos por qué narices seguimos estando igual de tristeeeeeeeeeeeeees y sin ganas de hacer naaadaaaa y sintéeeendooooooonos como una piedrecita llena de barro. Y pasa porque a veces confiamos en cosas vacías y nos intentamos llenar con ellas.

Arte por Nadia Servilha
paularodriguez

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