Instagram me ha dado una lección de identidad y estilo personal

Ayer me estaba vistiendo para salir y me sorprendí pensando en lo bien que quedaría en Instagram el conjunto que llevaba, porque en la realidad quedaba extraño y no me sentaba muy bien, algo que, como imagen en mi feed,  se solucionaría rápido posando con una luz en concreto, variando el contraste o gracias a cierta colocación muy meditada de las prendas, la clase de esfuerzo que haría quedar bien una falda-pantalón.

Pese a que tengo una relación sana con la aplicación y sus falsos estándares, siempre me fijo en la forma de vestir de ciertas personas, en como llevan las prendas y como las combinan. No me importa la nariz, pelo, piernas largas con o sin photoshop. Pero cuando se trata de la ropa la historia cambia, no es algo que me haga sentir mal porque no me desvalorizo comparándome con las mujeres en las que me gusta fijarme, soy consciente de la diferencia económica, de edad (generalmente)… de vida en general y por completo. Mientras ellas suben  insta stories preguntando a su audiencia si deberían comprar o no unos tejanos de quinientos euros, yo enseño mi conjunto para salir por la noche, que consiste en unos pantalones de pijama cortos, las Dr Martens de mi amiga que me van dos tallas grandes, y una camiseta del oceanográfico de Florida, la cuál también es de ella y la cuál debería haber lavado hace por lo menos una semana. And I’m okay with that.

Pero por mucho que quiera evitarlo, ver qué llevan esas personas a las que admiro por su forma de ser y por su carrera, repercute en mi visión de mi misma y tomo consciencia de lo poco trabajada y auténtica, salvo cuando llevo pendientes extraños, que es mi forma de vestir. Y establecer una conversación entre esas imágenes y yo me ayuda a desarrollarla. Establecer una conversación sobre moda, autoestima y seguridad, una que me ayude a encontrarme a mi misma de entre todas las prendas  que tengo en el armario, una que me anime a llevar lo que realmente me apetece sin que me importen los ojos de los demás, solo los míos. Remarcar en las prendas que decida llevar mis ideas, que me visto para mí y nadie más se suma a la conversación. Excepto mi madre, que ella tiene libre acceso a casi todo lo que tiene que ver conmigo, hasta que algún día viva como mínimo a veinticinco kilómetros de ella, sorry mom.

En esas mujeres veo la decisión que aún no he tomando con determinación.

Y según el día que tenga eso me motiva, o es motivo suficiente para abrir el armario y meter la cabeza entre camisetas y pantalones y pensar en cuando me pondré otra vez ese vestido rojo que me compré, y en lo bien que me sentiría si lo combinara con unos pantalones acampanados verde oliva que no tengo. 

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paularodriguez

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