Volver a Portugal, esta vez a Lisboa, fue una experiencia muy distinta a cuando fui a Oporto. Y es que antes de viajar pensaba que volver a un país que ya conocía superficialmente, nada me vendría de nuevo. Pero lo cierto es que aunque viajes al mismo lugar veinte veces nunca será el mismo viaje. En este caso la opinión popular no se equivoca.

Viajar es una experiencia que te moldea, cada viaje es distinto y hay muchos factores que siempre lo harán así: las personas con la que viajas, el lugar, y el momento de tu vida en el que te encuentres.

Portugal es un país que nunca me había llamado la atención, la única idea que tenía de él era ese lugar al que mi padre viajó una vez por trabajo. Me trajo una colonia de las Witch, algo que me permitió conocer un poco la cultura portuguesa en la distancia, sin duda… Aunque fuera un buen regalo, la idea que tenía de Portugal seguía siendo menos que básica. Por aquella época las únicas ciudades que tenía ganas de visitar eran las que te daban a elegir en los viajes de final de curso, y esa lista no incluía Lisboa ni ninguna otra ciudad portuguesa. Sad but true.

Lo interesante es que unos años más tarde, Portugal se convertiría en el país extranjero que más he conocido, tiene algo que hace que quiera volver. Mi tía me dijo que teníamos raíces portuguesas y puede que se deba a eso, a una especie de efecto placebo viajero, si esa idea es concebible. De todas formas, ¡he vuelto!, volé a Lisboa en febrero.

Lo importante de viajar es aterrizar en el destino y descubrirlo, y a veces no necesitas un mapa para hacerlo. Pero recuerda que si quieres prescindir de él, deberías viajar con alguien que sí tienen sentido de la orientación, no como tú.

Cuando vas sin mapa nunca te pierdes porque no tienes ningún destino concreto al que quieras ir, y no te frustras por ”haber pedido el tiempo” cruzando cinco veces el mismo paso de cebra de lo perdidx que vas. De mientras, las que no llevamos mapa caminamos libremente por la ciudad descubriendo casi cada calle, casi cada rincón lleno de basura, y casi cada pastelería lisbonense. Hemos descubierto tantas pastelerías que ya sabemos diferenciar cuales son las auténticas de las que no lo son tanto.

Lisboa es diferente de Oporto, aunque sean dos ciudades a mayor o a menor medida turísticas, a los portugueses les sigue dando igual el estado de sus ciudades. Lisboa sigue teniendo ese encanto en la decadencia, pero con un toque más metrópolis. La ciudad viste su identidad de ello, pero cuando visitas un museo o una exposición en el que gente poco respetuosa, ha tirado céntimos dentro de la vitrina de la exposición, vitrina ocupada por monedas, cubiertos, joyas, y cerámica del siglo XV hasta el XVIII, y esas monedas del futuro siguen allí, la cierta personalidad en la decadencia se convierte en una estúpida indiferencia.

Vimos un retrato de la que una vez fue reina de Inglaterra, Caterina de Bragança, en la INTEMPERIE. La pintura se está descascarando, la tienen colgada en un pasillo exterior como quién tiene una planta de plástico llena de polvo en la consulta del médico. Esa poca preocupación por su patrimonio cultural, a vista de una simple turista que pasa una semana en la ciudad, es lo que más me entristeció. Además de estar lejos de mi familia. La tristeza era tal que creo que me provoqué una sensación de malestar y angustia importante y muy extraña, pero ese sentimiento se superó el primer día gracias a mis geniales compañeras de viaje y a Delirium, el pub al que íbamos cada noche a beber cerveza artesanal y a jugar al billar gratis. En fin, la recuperación fue tal que no quería volver a casa.

Cuando regresé de Oporto le dije a todo el mundo que no me gustó, pero en Lisboa no paraba de repetir (sorry compis de viaje), que Oporto era mucho más guay. Ahora que estoy escribiendo en mi habitación, en mi casa, y después de también, decirle a todo el mundo que Lisboa no me ha gustado mucho, me pregunto: ¿cuál es mi problema con viajar al extranjero?,  ¿por qué reconozco tarde que me encantó la ciudad que visité?

Esa semana que estuve fuera me ha aportado mucho en muy poco tiempo, he encontrado el auténtico gusto por estar lejos de mi familia y aprender a adaptarme a la situación y al carácter de las personas que me rodean. Es una ciudad europea diferente de las otras, no solo por aspectos obvios como la arquitectura y la gastronomía, es sincera y trabaja duro cada día de la semana quién tiene la suerte de hacerlo, y eso es muy inspirador. 

 

 

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