Vas andando contenta por la calle pensando en lo bien que está yendo (redondeando sería ‘’ha ido’’) tu año en general y con lo feliz que te sientes por tener aquellas cosas tangibles que tanto te gustan, como unos cuantos filtros para la cámara que has hecho tú mismx, e intangibles, como el posible aprecio del periquito que has adoptado. Aunque nunca se tiene un año redondo, la felicidad te visita a ratos. Por dentro te sientes feliz, es decir, no muestras tus sentimientos al hombre que está guardando cartones en su furgoneta o al de gafas de sol y gorro rojo que habla por el móvil, a la señora mayor que pasa por delante de la modistería más adorable que has visto nunca, o al vagabundo de la esquina vestido de Papa Noël que está a punto de terminar su paté de salmón. 

Las probabilidades de que algún tipejo desconocido te pregunte o chille ”¡niña!, ¿qué te pasa?, ¡sonríe un poco!” , ”¡sonriendo estás más guapa!” o ”¿por qué estas tan triste?”, son altas. Creo que de esta situación podemos traducir que ser feliz o mostrar felicidad es otro estúpido aspecto que se nos impone a las mujeres. ¿Señor, que le importa si voy seria o sonriendo por la calle?, ¡métase en sus asuntos! Hay mujeres que preferimos guardarnos nuestros sentimientos para nosotras mismas y para la gente a la que sí forma parte de nuestro ADN mostrárselos, a 10 de cada 30 personas que conocemos, y ese pequeño porcentaje no representa a lxs desconocidxs que te curzas por la calle, está claro.

Cuando la rabia e impotencia de la situación se desvanecen, piensas por un segundo:  ”¿soy demasiado seria?”, ”¿tendría que sonreír más?”, incluso si has tenido una mala semana piensas: ”¿tengo un problema?”. Es cierto que es estupendo ir con una sonrisa gigante por la vida y que cuando mires a algunas personas ellxs también te sonrían. En realidad es lo que todxs necesitamos, cuando sonreímos y nos devuelven la sonrisa, escluyendo a perturbadxs, nos sentimos felices y amados, ya sea por alguien o por la vida, ¡y es genial! El amor es la solución. 

¿Pero qué pasa cuando preferimos mostrarnos serias a los demás aunque estemos cantando interiormente Free Me de Joss Stone? No creo que tenga que abandonar esa dualidad que forma tan parte de mi persona como mis manos, mis orejas, mis neuronas, mis manías, y mi gusto por leer a Jane Austen. Las mujeres serias no siempre somos unas amargadas a las que no les hacen gracia los memes, por ejemplo. Sociedad, acéeeeeptalo.

 

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