Ha llegado esa época del año en que damos rienda suelta a nuestras dotes camaleónicas para adaptar nuestro estilo personal a cada acontecimiento típico de esta tradición. Más allá de querer encajar en un pantalón o una falda, se quiere encajar (según la ocasión) en un grupo, ¡qué novedad! Durante la Navidad nuestra forma de vestir se transforma para adaptarse al medio en el que tendrá que sobrevivir: cenas de empresa, comidas familiares y fiestas con amigos. Tres fases de estilo por las que pasamos durante las vacaciones de navidad casi sin darnos cuenta, muchas veces lo hacemos después de ver las fotografías que algún amigo o familiar ha colgado en Instagram.

Cenas de empresa: ese acontecimiento que ya no se sabe si se hace porque realmente importa reunir a todo el equipo para pasar una gran noche, o si el único motivo de hacerte ir a un restaurante a las 10 de la noche un día entre semana es por puro compromiso. Más allá de esta incógnita, este tipo de cenas es el primer indicio que señala la llegada de la Navidad y en el que tienes que recurrir a tu imaginación para encontrar el equilibrio entre “ya se podría haber arreglado un poco más” y “¿a dónde se piensa que va?”.

La noche ya ha llegado y lo que llevas se podría decir que es casi lo que llevaría cualquier parisienne para ir a comprar yogures, tampones y el periódico. Aquello que convierten en algo totalmente casual con su allure y unos buenos tejanos pero que para tu je ne sois quoi está más que bien, y eso es lo importante. Es decir, te vistes para ti misma y vas cómoda (estás guapa).

Cenas familiares y por consecuente, la familia: ese grupo de personas a las que tanto apreciamos que aprovechan las cenas navideñas para comentar con mucho cariño e ironía las tallas que has subido o bajado desde las últimas navidades o si el novio ha aparecido ya. Para no sonar tanto cliché, añadiré que también se habla sobre las bisabuelas, cuando los primos éramos unos mocos y sobre las cuatro mesas que se necesitan para aglutinar todos los platos del aperitivo y la comida.

En cuanto al estilo, creo que todos sabemos que cuando algún tío/a, abuelo/a nos visita un domingo por la mañana, nuestro aspecto es el de ‘’estar super ocupada estirada en el sofá viendo Stoker’’, es decir: llevar el pantalón de pijama de hace 3 años, la sudadera del viaje de París, la bata con olor a mantequilla y tus calcetines de ovejas negras. Todo puede seguir en su sitio, ¿por qué cambiarlo en Navidad? Tengas el aspecto que tengas, siempre te querrán, sólo que para estas fechas tener buen apetito afecta positivamente a ello. Y cuando se trate de ir a casa de algún pariente siempre puedes cambiar los calcetines de ovejas por unos azul brillante, substituir la bata por algún jersey calentito y los pantalones de pijama por esos tejanos que sólo te pones dos veces al año (los largos de cintura baja).

Queda demostrado que ese es el momento en que tu forma de vestir sufre un gran bajón, pero no te preocupes, ¡puedes remontar con tus amigos! Vestidos, vestido y pantalón, llevar botas de tacón cubano con una falda plisada… lo que más te apetezca. Estar con ellos es especial y lleves lo que lleves, si te vistes para ti misma, te sentirás estupenda, que es lo verdaderamente importante.

Escrito por:paularodriguez

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