A finales de noviembre fui a un concierto de Kase.O sola, allí estaba rodeada de gente con amigos y viceversa, algunos fumaban porros y otros bebían litros de cerveza. Pocas veces he disfrutado más de un concierto. La sensación de independencia totalmente creíble, algo nuevo para mí, fue brutal.  Después de vivir aquella experiencia supe que sería capaz de viajar sola y que tenía muchas ganas de hacerlo. Luego retornó el miedo de no saber o creer que estás preparadx para hacer algo.

Hace tiempo que estoy pensando en volver a París, pero esta vez yo sola. El universo no puede mandarme más señales para que me decida de una vez a comprar los billetes dirección a una felicidad llena de clichés e ilusión porque, el pasado sábado, paseando con una amiga por el barrio de Gracia camino al restaurante japonés dónde habíamos quedado con nuestros amigos, encontré en medio de la porquería de toda esquina de una ciudad, un ticket del metro de París. Al día siguiente, estaba viendo un programa en la televisión sobre magia y a un tipo le tocó guardar algo que llevara en los bolsillos, me impresionó mucho más el hecho de que guardara otro ticket del metro de Paris que el truco de magia en si porque ya sabes, es magia pero no lo es. Un perro salchicha tampoco es un perro salchicha aunque digan que lo sea.

¿Entonces, qué hago ahora? ¿Me dedico a seguir encontrado tickets del metro de París por toda Barcelona o compro impulsivamente los billetes sin pensar en nada más que en las preciosas vistas que veré desde cualquier paso de zebra, desde cualquier cafetería, desde cualquier salida del metro, desde cualquier ventana del minúsculo apartamento que podré alquilar sin buenas vistas? En realidad temo a esta pregunta, temo decepcionarme a mí misma, porque quiero creer que puedo viajar sola a un país dónde es probable que no me entiendan en ninguna lengua, he olvidado el francés que sabía y a ellxs les cuesta soltar alguna palabra en inglés. Me da pena perderme todo lo que pueda pasar en París.

Por suerte, el miedo o respeto por lo desconocido que tengo por viajar sola, es un miedo nivel abuelita cruzando un paso de zebra, lo reconozco, y he de admitir que pese a todas las difucultades que sé que me encontraré y de las que no soy consciente, tengo muchas ganas de viajar sola o acompañada, eso seguro, pero no tener alguien que te acompañe a ir a un concierto, de paseo, a un restaurante o de viaje, no debería frenarte a hacer lo que te apetece. Así que me repetiré a mi misma ”si te apetece, hazlo” hasta que encuentre una bonita oferta de vuelo a algún país, entonces ya estaré más preparada y  llevaré el miedo a lo desconocido en un pequeño compartimento de mi maleta de mano y no escrito en la frente. 

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