Cuando voy camino al trabajo a veces me entretengo pensando en si las monedas que llevo en la cartera me llegarán para el café que por primera vez, creo que necesito tomar para mantenerme activa durante toda la mañana. El momento de rebuscar los diez céntimos para llegar al euro sesenta aún no ha llegado pero aún así me lo pregunto porque el dinero en si, es una gran incógnita para alguien que vive en los nuevos trece. Si hace unos años la pregunta que todxs nos preguntábamos era: ‘’¿de dónde vienen los bebés?’’, ahora la hemos cambiado por una de respuesta más preocupante: ‘’¿de dónde viene el dinero?’’. 

Cuando eres pequeñx o unx adolescente obsesionado por jugar a los Sims, puedes irte de vacaciones durante semanas sin un duro porque lo pagan todos tus padres. ¡Hasta puedes vivir en una casa con cuatro habitaciones, un cuarto de baño y un bonito jardín sin pagar alquiler! Ni si quiera te cuestionas qué es el dinero, como se gana y cuánto esfuerzo hay detrás de la recompensa que da sentido a la vida adulta. Tu relación con el dinero se basa en recibir y gastar, sin ningún proceso mental de por medio, como cuando ves un paquete de galletas; las ves, las abres y te las comes sin tener en cuenta el factor hambre.

Entonces llega el día que descubres que el dinero es el motor de la vida adulta y quieres gastarte una parte de él en un apartamento y en comida, en subsistir por ti misma. Y aún disponiendo de una fuente modesta de ingresos mensual que te daría la capacidad de comprar muchísimos pinta-uñas, esa misma cantidad de ingresos, no te llegaría ni para el intento de alquilar tu propio apartamento, y descubrirlo duele.

Cuando tienes veintiún años tienes ropa que más o menos te pondrías, la película en CD y VHS de Jackie Brown, el apoyo diario de tus padres y de tus amigos y con mucha suerte, un trabajo que te gusta y que te permite tener tiempo libre, ¿qué más se puede pedir? Aún así, hay muchas otras cosas que ‘’no tener’’ implica ‘’no hacer’’, aquellas cosas que implican dinero. No tener dinero implica no poder viajar, no tener dinero implica no poder comprar, no tener dinero implica no poder independizarte. El elixir de la vida se convierte entonces en unos billetes, monedas o un deseado largo número de tu saldo actual en la pantalla del ordenador, que normalmente suele ser mucho menos de lo que creías. 

Algo que no te importaba lo más mínimo se ha convertido en uno de tus mayores quebraderos de cabeza. Algo que no exigía prácticamente ningún proceso mental, ahora, de la única manera que haces mención de él es en forma de exclamación: ¡necesito más dinero, tengo que ahorrar más!, ¡joder, qué caro es (algo que necesitas, como otro par de zapatos)!, ¡tendrían que pagarme mas dinero por todo el trabajo que hago! y otras en forma de preocupante interrogación: ¿de dónde puedo sacar más dinero?, ¿tendré el dinero suficiente para hacer tal cosa?, y vuelves a cuestionare, ¿de dónde viene el dinero?, ahora, por lo menos ya sabes que viene del bolsillo de tu jefx. 

A los veintiuno, el dinero llega en pequeñas dosis, hay que aprender a ahorrar y sobre todo a invertir. No en bolsa, si no en ti mismx. Ah, y no olvidar que el dinero no lo es todo, en realidad.

One response to “Adivina qué reluce por su ausencia o por su presencia

  1. Ahora que estoy dentro del mundillo laboral, lo entiendo perfectamente, todo parece un imposible y que tardaré un siglo por conseguir, pero realmente el dinero no lo es todo 😉

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