Aún no tengo muy claro a partir de qué edad acaba la adolescencia y empieza la etapa en la que nadie entra voluntariamente, la etapa que simplemente tienes que aceptar y get over it, la a veces ansiada y temida etapa adulta. Aunque podría solucionar la incógnita con una búsqueda de Google, eso no me ayudaría a sobrellevar mis problemas de vida adulta magnificados por mis últimos atisbos de vida adolescente que aún viven arraigados en mi. No me gusta estar en ese vacío existencial entre la etapa en la que tienes que intentar no ahogarte en un charco de agua cada día que pasa, también llamada etapa adulta, y la otra maravillosa etapa, cada vez más lejana, en la que sólo tienes que preocuparte de llegar a tiempo a los sitios y ser una buena amiga, es decir, la adolescencia.

 El vacío en el que, con casi 21, vivo desde hace un tiempo. Son unos años que requieren experimentar muchas cosas nuevas y lecciones que debes aprender a pasos agigantados, en general nada emocionante ni muy bonito. Nada de aprender a ir en bici, a nadar, a hacer una pizza en el horno, a pintarte las uñas con la mano izquierda, en mi caso que soy diestra, a no cortar el pelo a las Barbies (a no seguir las ideas bizarras de tu hermana pequeña) o a compartir un trozo de chocolate.

Una vez que has aprendido todo eso y ya has pasado de recalentar pizzas en el horno a hacerlas tu mismx, de repente te encuentras en medio de un torbellino de preocupaciones y responsabilidades totalmente nuevas para ti. Realmente no estás preparadx para vivir todo lo que te pasará como ser humano adulto mínimamente piadoso, no en el sentido estrictamente religioso de la palabra. Y hay varias formas simples de afrontar esas preocupaciones y responsabilidades. O bien con drogas, alcohol, e intentos de suicidio fallidos, o bien con paciencia, antidepresivos y apoyo incondicional de tus seres queridos o de ti mismx. No se tú, pero yo elijo la segunda opción. La opción difícil, aunque no lo parezca. E igual de dura, bueno, ¡es duro ser adulto! Le cuesta la salud a muchas personas, porque aprender a saborear los triunfos por muchas cosas negativas que pasen a tu alrededor, a interiorizar de una vez por todas que los errores es el mejor aprendizaje, que nadie es mejor que tú y que casi siempre suele haber una solución para todos tus problemas, es difícil.

Dejar de preocuparse por no hacer los deberes, quedarse solx en la hora del patio o ruborizarte por descubrir que ese libro rosa de la estantería de tu habitación es una novela erótica y que además tienes dos de esos, ha pasado a la historia. Es más, de aquí un tiempo todas esas preocupaciones y descubrimientos impactantes como adolescente, entre otros, formarán parte de la etapa de tu vida que sólo recordarás mirando Facebook (si es que aún existe).

¿Lo bueno de todo esto? bueno, cuando aprenda a saborear los triunfos por muchas cosas negativas que pasen a mi alrededor, a interiorizar de una vez por todas que los errores es el mejor aprendizaje, que nadie es mejor que tú y que casi siempre suele haber una solución para todos mis problemas, lo tendré mucho más claro. Soy un poco negativa, pero si algo he aprendido del vacío existencial entre ser adolescente y adultx es a dejar que las cosas fluyan y no imponerme nada que no sienta.

Posted by:paularodriguez

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