Creo que llevo alrededor de tres años en Instagram y nunca, en la historia de mi  perfil, he pasado de los doscientos setenta seguidores. Eso, hoy en día, se podría clasificar como pequeño e insignificante logro en la vida de una persona, ya que lo fácil es conseguir bastantes seguidores. Pero lo que no es insignificante y por tanto, importante, es qué vemos en Instagram, un lugar en el que nos sumergimos cuando nos aburrimos en casa, vamos al baño (lo que nos despista de la tarea que nos encomienda nuestro intestino), en el metro, antes de acostarte, cuando te levantas, entre clase y clase, directamente en clase, mientras  desayunas, ves la tele o alguna película de Alien, y un largo etéctera.

Tengo una amiga que no tiene Instagram en el móvil y por ello creo que es una de las personas más astutas que conozco. Cuando le apetece mirar algún perfil, lo hace desde el ordenador porque sabe que si tuviera la aplicación en su iphone 5 con la pantalla destrozada e incapaz de almacenar más de diez imágenes, sería su ruina.

En Instagram y en cualquier otra red social puedes elegir ver o no ver porno (por suerte), pero lo que no puedes elegir, o más bien controlar a veces, es qué imágenes ver para que éstas te afecten lo más mínimo. Por ejemplo, si estás en el baño y de repente recuerdas aquella receta (que no cocinarás pero que te apetece ver) de Tasty, estás obligadx a utilizar el buscador, ese agujero negro del que nadie puede escapar. 

Recuerda, estás en el baño, intentando hacer ‘’c’’, pulsas buscar y te encuentras con un sin fin de imágenes de cuerpos fitness, de las personas y las fotos más fotogénicas que jamás podrás producir, a no ser que te ganes la vida con ello. Y tu, mientras, haciendo tu vida poco fotogénica. Tener Instagram en el móvil significa tener el poder para deteriorar pasito a pasito nuestra autoestima. Digerir todo ese cúmulo de aspectos no ayuda a mejorar tu estado de ánimo en un día acomplejado ni tampoco mantenerla en su sitio, pero hay muchas otras cosas positivas que nos aporta Instagram, tales como motivación, la posibilidad de conocer a gente interesante, inspiración, difusión de tu creatividad, e incluso trabajo.

Hoy en día Instagram se ha convertido en una aplicación que va más allá del simple pero agradable hecho de subir fotografías de lo que nos gusta. Instagram se ha convertido para la mayoría de creativos y modelos, en un portfolio, en una herramienta poderosa y eficaz (no para mí, que tengo doscientos cincuenta y nueve seguidores y bajando) para dar a conocer su trabajo y sus ideas. Han sabido aprovechar la oportunidad que aporta tener seguidores, la oportunidad de dar una mayor visibilidad a su trabajo. 

Todo eso me parece fantástico pero, ¿qué hay de todas esas otras personas que como yo, deben sentirse orgullosas del poco éxito de su cuenta?, tenemos la maravillosa oportunidad de clasificar nuestros perfiles como ”Indie” y, ¿a quién no le atrae la idea? 

Posted by:paularodriguez

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