Incontables veces he pensado en él. Soñando, recién levantada, antes de acostarme; consciente e inconscientemente. El futuro es uno de los aspectos de la vida al que más vueltas le doy. No la muerte, no el dinero, no la salud. El futuro.

De pequeña siempre me he preguntado qué quería ser de mayor. Leía libros motivadores y veía películas protagonizadas por mujeres inteligentes y perseverantes, las películas que más me han gustado de pequeña, a parte de George de la Jungla. Tomé como referente la actitud de aquellas mujeres, ser perseverante, creativa e inteligente era mi propósito en la vida. Partiendo de esa idea, y queriendo cumplir con todas mis ganas ese objetivo, lo relacioné sin pestañear con el trabajo. Sólo podía pensar en que en un futuro, deseaba estar todo el día ocupada trabajando, y tenía claro que estaba dispuesta a sacrificar mi vida personal para cumplir mis objetivos profesionales. Pensaba todo eso a la vez que iba creciendo y aprendiendo a dar volteretas debajo del agua.

Con los años las expectativas fueron creciendo hasta convertirme en la persona más autocrítica que mi cuerpo haya soportado. ¿Por qué?, porque tenía que cumplir el porvenir que me había inventado. El futuro era mi prioridad número 1. El futuro que quiero para mí, la vida que quiero vivir dentro de unos años, cumplir mis expectativas de futuro. Tenía muchas cosas en las que pensar, algunas más transcendentales y otras menos, obviamente, pero ahí están, ambas molestando dando golpecitos a mi puerta sin parar y en ocasiones quitándome el sueño y provocando dolores de cabeza.

He vivido mucho más en el futuro que en el presente. Siempre me he volcado en pensar qué pasará mañana, qué haré dentro de un mes, dos meses o un año. Me he permitido cometer el error de no estar mentalmente al 100% en el momento que estoy viviendo, pensando en cuál tiene que ser mi siguiente paso profesional, cuando podré independizarme, cuando veré Stoker o volveré a comer arepas. Y eso me hacía infeliz, aunque creyese que era lo que tenía que hacer. Me preguntaba por qué no estaba contenta pensando (y preocupándome) por aquello que se supone que es lo más significativo en la vida de una persona, su futuro.

Me he dado cuenta que es más necesario y valioso ser y estar en el minuto cincuenta y ocho que no en el siguiente siete de agosto. No preocuparse por sucesos que no sabemos ni si van a pasar y disfrutar y volcarnos en aquello que sí está pasando, porque no se trata de vivir despreocupadx por todo y olvidarte por completo del futuro (¿a quién se le ocurrió crear los conceptos pasando, presente y futuro?, nos dejó bien jodidos), saber lo que quieres conseguir personal y profesionalmente es un buen punto de partida (aún que en muchas ocasiones incierto), pero no debemos substituir nuestro presente por  esa imagen de futuro y convertirla en nuestro único y exclusivo objetivo vital.

Photo: Lena Sonríe
Posted by:paularodriguez

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