Me pregunto por qué siempre habrá un zapato abandonado en cualquier lugar sucio con cristales rotos, la llanta de un coche y alguna lata de cerveza. ¿Quién se deshace de uno de sus zapatos? Una bota, manoletina, sandalia… hasta el zapatito de un bebé puedes encontrarte. Si Cenicienta hubiera olvidado su tacón sin ningún príncipe de por medio, su zapato de cristal estaría allí para siempre, en ese lugar olvidado por todo el mundo excepto por los drogadictos y los borrachos. Allí es donde probablemente hubiera acabado si formara parte de la sociedad de este maravilloso siglo, y después de las 12 pm y con un zapato menos, Cenicienta hubiera seguido de fiesta en alguna discoteca gay. 

Pero lo más escalofriante de todo es pensar qué pudo pasar para que el zapato acabaran en ese lugar. La gente se gasta dinero en los zapatos, mínimamente, ¿por qué lanzarlos? ¿No había nada más a mano para tirar que un zapato? Como por ejemplo unos blíster o los céntimos que siempre se quedan perdidos por el bolso, ¡cómo cuesta deshacerse de ellos! Siempre te molestan o te hacen daño con sus afiladas esquinas, pero ahí siguen. Y en cambio allí ves, dramáticamente lanzado, un zapato. ¿Qué haces con el otro?, ¿lo dejas en el ascensor del metro para que alguna persona mayor se lo encuentre?, ¿lo mandas por correo a tu famoso favorito como prueba de tu amor eterno?

Yo prefiero quedarme con todos mis pares de zapatos, y espero no verme nunca en alguna situación en la que tenga que renunciar a alguno de ellos. No sabría de cuál deshacerme, necesito los dos. Al igual que necesito que hagan cosas por mí, como trabajar en equipo para que envíen el mensaje adecuado a mi cerebro y al de la gente que me rodea, que me  hagan sentir con energía suficiente para caminar con seguridad durante todas las horas del día. Botines con tacón cubano de color burdeos, de ante marrón, negros y rojos, unos blucher, mocasines y hasta unas zapatillas. 

Hay personas que optan por llevar lencería para sentirse bien cada día (no es que la necesiten para hacerlo, pero un plus siempre va bien). Pues para mí, unos zapatos, son el equivalente a ese sujetador de encaje de 70 euros.

 Está claro que la seguridad de una mujer no debe depender de algo material, pero cuando estás andando hacia una reunión, entrevista importante o a cualquier lugar, a veces va bien que algo con ruido o con muchos colores diga a gritos (amablemente): ¡aquí estoy!

Fotografía por Diego Anciano vía Vogue.es
Posted by:paularodriguez

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