En innumerables ocasiones nuestras abuelas nos han contado miles y miles de historias de su juventud y de cómo emigraron a una ciudad desconocida con una maleta y unas necesidades que no eran tener el mejor vestido, ni los mejores zapatos, ni el mejor coche, ni por supuesto tener el mejor móvil. Trabajar duro era la única idea que llevaba como equipaje. ¡Y qué pesado era!

En esa época puede que no tuvieran casi nada, pero pueden presumir (aunque ellos no se den cuenta) de todo aquello que saben hacer: recetas alucinantes, punto, ganchillo, encontrar siempre soluciones magníficas y rápidas para arreglar la casa y el jardín, no tener ni la mas minima aversión hacia los insectos, no depender de los demás, preparar tartas riquísimas sin levadura… Apañarse con poco y ser feliz.

En el tiempo presente, podemos presumir de muchas cosas también: vestidos, coches, móviles, zapatos, apartamentos, de la iluminación de la entrada de tu casa… hasta de los amigos de tus amigos, si has tenido una mala noche. Nos gusta presumir de nuestro estilo de vida pero, ¿qué hay de nuestra vida (con todas sus vocales y consonantes)?

La mayoría de nosotrxs estaremos de acuerdo en que las RSS han cambiado por completo la forma en la que interactuamos con lo que nos rodea. Es difícil declinar la oportunidad de compartir con los demás aquello que tenemos o, aparentemente, sabemos hacer. Como seres humanos del 2016 d.c, nos encanta devorar el dulce y amargo caramelo que nos ofrece tener 6G en el móvil; compartir con conocidos y desconocidos aquello que hacemos; lo que nos gusta y lo que nos importa. Pero, ¿nos gustan más nuestras cosas, y nos sentimos mejor con lo que hacemos, si se lo enseñamos a los demás? ¿Solo sabemos parlotear con imágenes de como, aparentemente, nuestra vida está llena de todo aquello que hemos matado inconscientemente con, por ejemplo, Instagram? 

Si antes (siempre) ya era complicado encontrar una respuesta eligiendo A, B, C, D…  ( + infinitas combinaciones entre ellas) ahora que ha entrado en  juego un nuevo factor (las RSS), es mucho mas complicado saber si la Z es la adecuada.

Nos quejamos de lo malo que es el fast food, pero las redes sociales nos hacen hacer lo mismo (a mayor o menor escala) con nuestra vida y sus momentos. Han matado muchas cosas importantes: la conversación, la alegría, el amor, la música, la naturalidad… También han dado rienda suelta a depresiones, bulling y envidias.

Creo que el acertado concepto ‘’relación tóxica’’ puede extenderse perfectamente a nuestra relación con esa ventana, la que creemos que es la mejor manera de comunicarse como personas (no como profesionales, ese es otro tema). 

Posted by:paularodriguez

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