Compras. Nos encanta, nos gusta, nos apasiona o nos horroriza comprar. Pero a penas somos conscientes de lo que compramos. No me malentendáis, creo que todo el mundo (o la mayoría de él), sabe la diferencia entre un abrigo o una chaqueta (que escriba esto no significa que me incluya).

Cuando compramos, por ejemplo, una prenda de punto por 15’90 €, seguramente te veas a ti misma con ese jersey dentro de cuatro temporadas, lo que no piensas es que para cuando haya pasado ese espacio de tiempo, lo único que quedará de él serán unas cuantas pelusas en el armario. Entonces te acordarás de ese artículo que leíste hace tanto tiempo, cuando conociste por primera vez los conceptos: ‘’proceso mental’’ y ‘’proceso de cartera’’. ¿Adivináis cuál gana siempre? ¡El de cartera! Con esto me refiero a la acción de evaporizar eso que, si está lleno nos hace sentir más seguros con nuestra forma de vida, y que, cuando está vacío, sentimos como el frío pasa por los agujeros que crea su ausencia. En pocas palabras, el dinero.

Cuando gastamos a través de un proceso mental, es el resultante por el cual compramos algo caro que nos durará siempre. Lo sabemos, y cuando llegamos a caja no nos arrepentimos de nuestra decisión. Contrariamente, el proceso de cartera es, qué decir… lo hacemos todos la mayor parte del tiempo. El proceso de cartera significa comprar ese jersey de 15’90 €.

Aceptamos de primera mano y con los brazos abiertos, como si de un barbour garibaldi se tratase, un precio desorbitado en relación a la calidad de las prendas. Estamos acostumbrados a dejarnos llevar por el contenido de una etiqueta, esos maravillosos número que bien, o nos arruinan un poco cada mes, o que, para otras personas, es aquello que les hace sentir mejor cuanto más alto sea. Ver más allá de ese trocito de cartón es la asignatura pendiente de muchos de nosotros.

Ni siquiera malgastamos tres minutos de nuestro tiempo en pensar en el impacto que estamos haciendo comprando esa prenda de 15,90 € y, lo que aceptamos guardar arrugado en nuestro armario. ¿Por qué preferimos gastarnos el dinero de poco en poco en algo que nunca lo valdrá, que gastarnos una parte de él de una vez y tener algo que nos dure lo suficiente?

He de admitir que hoy en día es difícil encontrar una prenda que realmente valga su precio, pero si ese 25 de noviembre no nos hubiéramos dejado llevar por el agobiante gentío de la tienda, y hubiéramos pensado mejor en nuestra compra, simplemente no estarían esas pelusas creciendo en el armario, porque realmente no valía la pena.

Publicado en Creation Magazine

Posted by:paularodriguez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s